{"id":11311,"date":"2018-08-26T16:05:59","date_gmt":"2018-08-26T16:05:59","guid":{"rendered":"https:\/\/beyondtype2.org\/?post_type=resources&#038;p=11311"},"modified":"2024-11-09T20:36:24","modified_gmt":"2024-11-09T20:36:24","slug":"viendo-con-claridad","status":"publish","type":"resources","link":"https:\/\/beyondtype1.org\/es\/viendo-con-claridad\/","title":{"rendered":"Viendo con claridad. El burnout de la diabetes"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-242 alignleft\" src=\"http:\/\/esbeyondtype1.wpengine.com\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/SamanthaW.jpg\" alt=\"SamanthaW\" width=\"360\" height=\"360\">Me diagnosticaron con diabetes tipo 1 en 1991 cuando solamente ten&iacute;a 1 a&ntilde;o de edad. Ninguna historia familiar previa podr&iacute;a haber preparado a mis padres para tal diagn&oacute;stico y el destino quiso que me quedara sola en esa experiencia por una gran parte de mi vida; ninguno de mis tres hermanos, ning&uacute;n familiar, ni amigo, o incluso conocido que hubiera desarrollado la diabetes tipo 1. <\/span><\/p>\n<p>Al crecer en una peque&ntilde;o pueblo, fui formada y definida por el hecho de que yo era &ldquo;la chica con diabetes&rdquo;.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tuve la primera muestra de lo que eso significaba a los 6 a&ntilde;os, cuando se me neg&oacute; la inscripci&oacute;n en la escuela p&uacute;blica porque &laquo;requer&iacute;a demasiada atenci&oacute;n m&eacute;dica&raquo;. Como yo era el primer caso de diabetes tipo 1 en el distrito escolar, las enfermeras y los maestros no ten&iacute;an experiencia en el control del az&uacute;car en la sangre o en dar inyecciones de insulina, y por lo tanto sintieron que era mejor colocarme en las clases de necesidades especiales. Mis padres estaban indignados e inmediatamente solicitaron a la junta escolar que lo reconsiderara. Aunque tuvieron &eacute;xito al final, hicieron grandes esfuerzos para educar al personal de la escuela que, pesar de que sus intenciones eran buenas, vacilaban entre tratarme como una bomba de tiempo o una ni&ntilde;a enferma y fr&aacute;gil.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como resultado de estas circunstancias, siempre he estado consciente de las formas en las que me diferenciaba de otros ni&ntilde;os. En los cumplea&ntilde;os, los ni&ntilde;os llevaban un &laquo;regalo especial para Samantha&raquo;, por lo general era fruta, mientras todos los dem&aacute;s com&iacute;an torta y cupcakes. A la hora del almuerzo, los compa&ntilde;eros de clase se peleaban a ver a qui&eacute;n le tocaba caminar conmigo a la enfermer&iacute;a para que pudiera revisar mi az&uacute;car en la sangre (un protocolo que se desarroll&oacute; a partir del temor malinterpretado de que pod&iacute;a desmayarme en cualquier momento). A pesar de que yo era la &uacute;nica ni&ntilde;a con diabetes tipo 1 en mi escuela primaria, de alguna manera comprend&iacute;a a mis compa&ntilde;eros con alergias a los alimentos y cosas similares que tambi&eacute;n necesitaban bocadillos y viajes especiales a la enfermer&iacute;a.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No fue sino hasta en la escuela secundaria que me di cuenta que yo no era como todos los otros chicos y que mis problemas me pon&iacute;an en una categor&iacute;a que era solo m&iacute;a, una que no era deseable, bonita ni aceptable. Esta comprensi&oacute;n no solo repercuti&oacute; en un chico de mi clase de 6&ordm; grado, quien se neg&oacute; a sentarse cerca de mi porque no quer&iacute;a &ldquo;contagiarse con diabetes&rdquo;, sino que tambi&eacute;n aument&oacute; debido a mi angustia de preadolescente en general y a la presi&oacute;n de querer encajar. A los 11 a&ntilde;os decid&iacute; que ya no quer&iacute;a ser &ldquo;la chica con diabetes&rdquo;. &nbsp;No quer&iacute;a tratos especiales ni atenci&oacute;n extra. Tampoco quer&iacute;a las inyecciones o las subidas de los niveles de az&uacute;car en la sangre. Solo quer&iacute;a ser como todos los otros ni&ntilde;os. &nbsp;As&iacute; que decid&iacute; actuar en consecuencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">R&aacute;pidamente elimin&eacute; la palabra &ldquo;diabetes&rdquo; de mi vocabulario. Ment&iacute; sobre las lecturas de az&uacute;car en la sangre y me puse insulina a escondidas en los ba&ntilde;os o, con m&aacute;s frecuencia, no me la pon&iacute;a. &nbsp;Adem&aacute;s de preocuparme de las minucias t&iacute;picas de la vida de adolescente, la ropa, los chicos, la popularidad, tambi&eacute;n tuve que planificar c&oacute;mo iba a evadir a la enfermera de la escuela ese d&iacute;a o enga&ntilde;ar a mi profesor para que pensara que yo no necesitaba medicarme por los dulces de la fiesta de Halloween. En mi mente, vivir abiertamente con diabetes tipo 1 no se parec&iacute;a en nada a ser popular o aceptada. Por supuesto, mis padres y los m&eacute;dicos trataron de intervenir ya que mi prueba de hemoglobina A1c se elev&oacute; y fue evidente que yo no me estaba cuidando, pero no pudieron hacer mucho ya que me hice mayor y fui m&aacute;s h&aacute;bil para mentir.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para cuando entr&eacute; a la preparatoria, mis niveles de az&uacute;car en la sangre estaban constantemente en los 400 y 500. Estaba enojada todo el tiempo; enojada con la enfermera de la escuela por sus intentos de llevar un control sobre m&iacute;; enojada con mis amigos por el hecho de poder vivir una vida que no implicaba agujas o pinchazos en los dedos; enojada con mis padres por su incesante preocupaci&oacute;n; enojada de que yo era la &uacute;nica con diabetes; enojada de que nadie en realidad entend&iacute;a por lo que estaba pasando. Pero m&aacute;s que todo, estaba enojado con mi cuerpo y quer&iacute;a retribuci&oacute;n desesperadamente.<\/span><\/p>\n<p>A los 14 a&ntilde;os, mi punto m&aacute;s bajo, intent&eacute; suicidarme inyect&aacute;ndome m&aacute;s de 200 unidades de insulina de acci&oacute;n r&aacute;pida a la vez. Estaba tan desesperada por escapar de la sentencia de por vida de esta enfermedad y me sent&iacute;a tan desesperada y sola que esta medida dr&aacute;stica parec&iacute;a que era mi &uacute;nica opci&oacute;n.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque no lo volv&iacute; a intentar, estuve deprimida por el resto de la preparatoria y continu&eacute; siendo negligente con mi salud. A los 18 a&ntilde;os, despu&eacute;s de un examen f&iacute;sico requerido para asistir a la universidad, me dijeron que ten&iacute;a signos de insuficiencia renal en su fase inicial. En marcado contraste con la devastaci&oacute;n que esta noticia provoc&oacute; en mi familia, yo estaba indignada. Reconocer que ten&iacute;a da&ntilde;o renal era reconocer que ten&iacute;a diabetes tipo 1, y por lo tanto aceptar toda la responsabilidad, el estigma y la frustraci&oacute;n que la acompa&ntilde;aba. Yo no estaba dispuesta a hacerlo. As&iacute; que continu&eacute; neg&aacute;ndome la insulina y neg&aacute;ndome a revisar mi az&uacute;car en la sangre, y viv&iacute;a como si no tuviera una enfermedad cr&oacute;nica e incurable; hasta poco despu&eacute;s de mi cumplea&ntilde;os n&uacute;mero 22.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu&eacute;s de m&aacute;s de una d&eacute;cada de vivir diariamente con niveles de az&uacute;car en la sangre extremadamente altos, los finos vasos sangu&iacute;neos en mis ojos comenzaron a romperse y a sangrar desde adentro. En el lapso de unas pocas semanas, perd&iacute; completamente la vista en el ojo izquierdo. Estaba aterrada. La diabetes siempre hab&iacute;a sido esa opresi&oacute;n invisible en mi vida y, por esa misma raz&oacute;n, yo ten&iacute;a la capacidad de ignorarla. Sin embargo, las consecuencias de mi ocultamiento estaban ahora, literalmente, a la vista; no pod&iacute;a ver nada m&aacute;s que el impacto de mi negligencia. Despu&eacute;s de vivir en la negaci&oacute;n durante tantos a&ntilde;os, de repente tuve que decidir entre enfrentarme a la realidad de una vida con diabetes tipo 1 o quedarme ciega.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"text-align: center;\">Sab&iacute;a que ten&iacute;a que hacer algo, pero no sab&iacute;a qu&eacute; era.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No ten&iacute;a un oftalm&oacute;logo ni siquiera un endocrin&oacute;logo de cabecera. Mis niveles de az&uacute;car en la sangre siempre eran tan altos que bajarlos de repente a un rango saludable me hubiera dejado sinti&eacute;ndome como en estado comatoso. Incluso entonces, el da&ntilde;o claramente ya estaba hecho. Me vi acorralada en una esquina sin herramientas, sin opciones y sin apoyo. Desesperada, hice algo completamente inusual, algo que hab&iacute;a estado evitando obstinadamente desde los 11 a&ntilde;os de edad: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ped&iacute; ayuda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me comuniqu&eacute; con mi oficina local de la JDRF (Fundaci&oacute;n para la Investigaci&oacute;n de la Diabetes Juvenil, por sus siglas en ingl&eacute;s), que era la &uacute;nica organizaci&oacute;n de la que sab&iacute;a en el momento que se dedicara exclusivamente a la diabetes tipo 1, y les expliqu&eacute; lo que me estaba ocurriendo. Inmediatamente, me pusieron en contacto con decenas de personas que no s&oacute;lo entend&iacute;an por lo que estaba pasando, sino que quer&iacute;an ayudarme en el proceso. Me dieron recomendaciones de m&eacute;dicos, informaci&oacute;n sobre las nuevas opciones tecnol&oacute;gicas y de tratamiento, y m&aacute;s que nada, simpat&iacute;a y apoyo abrumadores. Hab&iacute;a pasado toda mi vida viviendo sola con esta enfermedad, sin darme cuenta, o tal vez sin estar dispuesta a aceptar, que hab&iacute;a toda una comunidad de personas con diabetes tipo 1 por ah&iacute; que tambi&eacute;n sent&iacute;an la ira, la tristeza y la injusticia que yo sent&iacute;a, pero que estaban tratando de llevar una vida sana y normal a pesar de tener MD1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con el apoyo de esta nueva comunidad y un equipo de m&eacute;dicos frescos, empec&eacute; el proceso de llevar un control de mis niveles de az&uacute;car en la sangre y de tratar mis complicaciones. Al mismo tiempo, empec&eacute; a asistir a grupos de apoyo para j&oacute;venes con tipo 1, lo cual fue &nbsp;extraordinariamente sanador y me ayud&oacute; a superar la verg&uuml;enza y el pesar que estaba sintiendo. Para mi sorpresa, uno de los empleados de la JDRF que moderaba estos grupos se conmovi&oacute; con mi historia y me pregunt&oacute; si estar&iacute;a dispuesto a hablar en la Gala anual. Yo estuve de acuerdo, y unos meses m&aacute;s tarde, todav&iacute;a parcialmente ciega de un ojo, me par&eacute; frente a 600 personas y compart&iacute; el impacto que la diabetes tipo 1 hab&iacute;a tenido en mi vida. Despu&eacute;s de que termin&eacute; mi discurso, alguien del p&uacute;blico don&oacute; $ 50.000 para la investigaci&oacute;n de la diabetes tipo 1 en mi honor, y he recibido una cantidad gigantesca de &aacute;nimo a trav&eacute;s de cartas y correos electr&oacute;nicos a partir del evento.<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-241 aligncenter\" src=\"http:\/\/esbeyondtype1.wpengine.com\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/sammy-2-e1456422300940.jpg\" alt=\"sammy-2-e1456422300940\" width=\"635\" height=\"489\"><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Durante los pr&oacute;ximos dos a&ntilde;os, trabaj&eacute; duro para volver a aprender a vivir de forma saludable con MD1. Empec&eacute; la terapia de <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">CGM<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> (monitoreo continuo de glucosa, por sus siglas en ingl&eacute;s), cambi&eacute; mi dieta, y cambi&eacute; de bomba. Tambi&eacute;n me somet&iacute; a dos operaciones de cirug&iacute;a ocular para restaurar mi visi&oacute;n. Hab&iacute;a hecho tantos amigos nuevos con diabetes tipo 1 por medio de los grupos de apoyo a los que estaba asistiendo y hab&iacute;a o&iacute;do tales historias inspiradoras de otros miembros de la comunidad que decid&iacute; que quer&iacute;a empezar a usar mi tiempo para ser voluntaria como mentora para las personas y familias que acababan de ser diagnosticados. Con el tiempo, dej&eacute; mi trabajo en la industria editorial y empec&eacute; a trabajar a tiempo completo como recaudadora de fondos para la JDRF.<\/span><\/p>\n<p>Desarrollar complicaciones de la diabetes fue la prueba m&aacute;s aterradora que he tenido. Sin embargo, al final, haberlas sobrevivido cambi&oacute; el curso de mi vida.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me revelaron una fuerza milagrosa dentro de m&iacute; que no sab&iacute;a que ten&iacute;a; una fuerza que seguramente me va a sostener a trav&eacute;s de cualquier otra inesperada dificultad que la vida podr&iacute;a lanzarme. Por otra parte, me expusieron a la fuerza de la comunidad de la diabetes tipo 1, una comunidad que me recibi&oacute; con los brazos abiertos y donde no pensaban que era una mala persona o &laquo;mala en el manejo de mi diabetes&raquo; por no cuidarme. Siempre estar&eacute; en deuda con estas personas por ayudarme a sanar, tanto f&iacute;sica como emocionalmente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi carrera y mi vida ahora las dedico a fomentar esta comunidad. Todos los d&iacute;as trabajo para conectar a otras personas que luchan con la diabetes tipo 1 con personas y familias que est&aacute;n en la misma situaci&oacute;n, &iexcl;al igual que nosotros! Para que puedan escuchar y compartir experiencias y sabidur&iacute;a, y as&iacute; puedan darse cuenta de la verdad como a mi me hubiera gustado darme cuenta mucho antes en mi vida con la diabetes tipo 1, la verdad que habr&iacute;a marcado toda la diferencia: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">que no est&aacute;s solo.<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">* Me gustar&iacute;a dedicarle esta historia a mi incre&iacute;ble mam&aacute;, Marci. Yo no estar&iacute;a aqu&iacute; hoy, feliz y saludable, si no fuera por su ayuda constante y su amor incondicional.<\/span><\/i><\/p>\n<hr>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para saber m&aacute;s sobre Samantha Willner, lee &ldquo;<\/span><a href=\"http:\/\/esbeyondtype1.wpengine.com\/el-relato-de-una-diabetica-tipo-1-en-turquia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un relato de diabetes tipo 1 en Turqu&iacute;a<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">&rdquo; (&iexcl;es muy gracioso!) o el tierno art&iacute;culo &ldquo;<\/span><a href=\"http:\/\/esbeyondtype1.wpengine.com\/los-padres-con-hijos-que-padecen-diabetes-tipo-1\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><span style=\"font-weight: 400;\">A los padres con hijos que viven con diabetes tipo 1<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">&rdquo;&lt;\/span<\/span><\/p>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me diagnosticaron con diabetes tipo 1 en 1991 cuando solamente ten&iacute;a 1 a&ntilde;o de edad. 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