{"id":11410,"date":"2016-08-10T20:00:56","date_gmt":"2016-08-10T20:00:56","guid":{"rendered":"https:\/\/beyondtype2.org\/?post_type=resources&#038;p=11410"},"modified":"2024-11-10T21:19:20","modified_gmt":"2024-11-10T21:19:20","slug":"la-historia-de-levi","status":"publish","type":"resources","link":"https:\/\/beyondtype1.org\/es\/la-historia-de-levi\/","title":{"rendered":"La historia de Levi"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya es de noche y Levi y yo nos estamos meciendo junto al fuego despu&eacute;s de un ajetreado d&iacute;a de lucha libre con sus hermanos mayores, de vaciar alacenas, de colgarse de las barandas de las escalera y de perseguir a los perros. A mi ni&ntilde;ito finalmente le est&aacute; dando sue&ntilde;o; solo tiene 2 a&ntilde;os, pero puede tener tanta energ&iacute;a como el m&aacute;s activo. Acurruc&aacute;ndose sobre mi me da una mirada a trav&eacute;s de sus largas pesta&ntilde;as con sus brillantes ojos azules. Despu&eacute;s de darme un &uacute;ltimo medio beso, coloca sus mejillas color de rosa en mi pecho y pronto empieza a roncar. Sentada aqu&iacute;, meci&eacute;ndolo, me es dif&iacute;cil reconciliar que este ni&ntilde;o robusto, sano y muy travieso es el mismo ni&ntilde;o que yo cargaba en mis brazos hace un a&ntilde;o y medio. Ese ni&ntilde;o no estaba durmiendo pac&iacute;ficamente; sus mejillas no eran de color rosa. Estaba d&eacute;bil, sus labios estaban agrietados y su cara p&aacute;lida. Y en vez de roncar suavemente, su respiraci&oacute;n era superficial y gem&iacute;a, su llanto no era m&aacute;s fuerte que un maullido de un gatito. Se estaba muriendo lentamente en mis brazos y yo ni siquiera lo sab&iacute;a.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Era viernes, 7 de marzo de 2014, a las 5 de la ma&ntilde;ana, y a pesar de haber pasado una noche en vela meciendo a Levi, yo estaba despierta y esperando ansiosamente que abriera el consultorio del m&eacute;dico. Hab&iacute;a estado enfermo desde enero por el <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">virus sincitial respiratorio humano (<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">VSR), una infecci&oacute;n respiratoria desagradable, com&uacute;n en todo el mundo, aunque por lo general m&aacute;s fuerte en los lactantes. Los m&eacute;dicos me dijeron que los s&iacute;ntomas parecidos al resfriado podr&iacute;an durar hasta 6 semanas, pero siempre y cuando Levi siguiera creciendo y por lo dem&aacute;s sano, que no deber&iacute;a tener que preocuparme demasiado. Sin embargo, no mucho despu&eacute;s empec&eacute; a notar cosas extra&ntilde;as acerca de sus h&aacute;bitos alimenticios, el n&uacute;mero de pa&ntilde;ales mojados, la forma en que lo sent&iacute;a entre mis brazos, en comparaci&oacute;n con la forma en que sus hermanos mayores hab&iacute;an sentido a esa edad. Hubo momentos en que quer&iacute;a mamar todo el tiempo, y luego lloraba porque quer&iacute;a m&aacute;s, pero luego lo escup&iacute;a, o mejor dicho, lo lanzaba al aire y luego empezaba todo de nuevo. Trat&eacute; de darle de comer cereal de arroz, formula, otros tipos de alimentos para beb&eacute;s, nada, pero nada parec&iacute;a saciarlo o caerle bien al est&oacute;mago. Cuando lleg&oacute; febrero, empez&oacute; a empeorar, adem&aacute;s de los h&aacute;bitos alimenticios que empeoraban, y el aumento de letargo; mi esposo comenz&oacute; a notar un olor extra&ntilde;o en el aliento de Levi, lo describi&oacute; como un olor met&aacute;lico. Otro d&iacute;a, mi padre me coment&oacute; que para &eacute;l Levi no ol&iacute;a bien, que Levi no ol&iacute;a como un beb&eacute; normal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la visita al doctor de Levi de los seis meses, llev&eacute; &nbsp;una lista de mis preocupaciones conmigo al m&eacute;dico. Una vez m&aacute;s, me dijeron que parec&iacute;a estar bien, no hab&iacute;a se&ntilde;ales de alerta que pudieran ver, su peso era bueno, 18 libras (un poco peque&ntilde;o, tal vez) pero no lo suficiente como para que realmente importara en ese punto, que parec&iacute;an estar llenando la mayor parte de sus objetivos para ese grupo de edad, por lo que no era cuesti&oacute;n de preocupaci&oacute;n. Pas&oacute; una semana y su salud parec&iacute;a deteriorarse de una manera que yo no hab&iacute;a visto. Luego, la segunda semana, empez&oacute; a vomitar. Lo llev&eacute; de nuevo al m&eacute;dico y hab&iacute;a perdido 2 libras. Le dieron un poco de agua con glucosa, nos hicieron esperar para ver si la vomitaba, y cuando no lo hizo, nos enviaron a casa. &nbsp;Eso fue el jueves 6 de marzo. En cuanto llegamos a casa se qued&oacute; dormido, pero se despert&oacute; una hora m&aacute;s tarde, y vomit&oacute; la poca agua que hab&iacute;a bebido en el consultorio m&eacute;dico. Llam&eacute; de nuevo y les dije que iba a seguir d&aacute;ndole agua con az&uacute;car como lo hab&iacute;an sugerido, pero que lo iba a llevar de nuevo a primera hora la ma&ntilde;ana siguiente. Esa noche dej&oacute; de beber por completo, y sus llantos eran poco a poco cada vez m&aacute;s y m&aacute;s silenciosos. Llev&eacute; a Levi la ma&ntilde;ana siguiente, y en 12 horas hab&iacute;a perdido otras 2 onzas, y ten&iacute;a un peso de 15 libras y 8 onzas, como si eso no fuera suficiente, las arcadas hab&iacute;an comenzado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Poco despu&eacute;s de nuestra llegada, nos llevaron r&aacute;pidamente hasta el hospital, finalmente estuvieron de acuerdo en que algo estaba definitivamente mal. Nos llevaron a una habitaci&oacute;n en la planta general donde intentaron ponerle una v&iacute;a intravenosa, pero sus venas estaban tan desecadas que despu&eacute;s de cuatro intentos llamaron a su mejor enfermera y le puso una intravenosa en el cuero cabelludo. Yo nunca, nunca olvidar&eacute; c&oacute;mo se ve&iacute;a mi beb&eacute; en esa mesa. Estaba tan d&eacute;bil que apenas volteaba la cabeza, daba arcadas secas a un lado, su pobre cuerpo se convulsionaba con la intensidad de la mismas. La sangre de la intravenosa corr&iacute;a por su peque&ntilde;a cabeza como una l&aacute;grima. Nos sacaron de prisa de cuidados generales, para llevarnos a cuidados intensivos, y de cuidados intensivos a un &aacute;rea de aislamiento cerca del puesto de enfermer&iacute;a. Las siguientes dos horas fueron confusas; le hicieron pruebas, le pusieron y le quitaron tubos, algunos alambres fueron retorcidos y pellizcados, las m&aacute;quinas sonaban sin cesar. Hubo una peque&ntilde;a ventana de 15 minutos de calma; mi madre, que hab&iacute;a llegado en alg&uacute;n momento hab&iacute;a puesto algo de comida en mis manos y me dio instrucciones de que comiera. En eso el m&eacute;dico entr&oacute; y me dijo que Levi ten&iacute;a diabetes. Al principio yo no entend&iacute;a. &laquo;&iquest;Diabetes? &iquest;Quiere decir que cree que tiene diabetes?&raquo;, Pregunt&eacute;. &laquo;No, lo s&eacute;&raquo;, dijo el m&eacute;dico. &laquo;Su nivel de az&uacute;car est&aacute; a m&aacute;s de 800. El Servicio m&eacute;dico de vuelos Life Flight los llevar&aacute;n a Spokane, al Children&rsquo;s Hospital (Hospital de Ni&ntilde;os). El helic&oacute;ptero estar&aacute; aqu&iacute; en 20 minutos&hellip; &laquo;En ese momento o&iacute; un zumbido en los o&iacute;dos interceptado por palabras como &laquo;estado de coma&raquo;, &laquo;transferencia de fluidos&raquo;&hellip;&raquo;la muerte&raquo;; esta &uacute;ltima palabra reson&oacute; en mi mente y no pude o&iacute;r nada m&aacute;s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una ola de gente entr&oacute;, preparando a Levi para el vuelo. Ya que no pod&iacute;a hacer nada, excepto ponerme en el camino, sal&iacute;, mis l&aacute;grimas flu&iacute;an. Hab&iacute;a dos mujeres en el vest&iacute;bulo, una m&aacute;s grande de edad y una m&aacute;s joven, que no hab&iacute;an estado all&iacute; antes. Vest&iacute;an vestidos hechos en casa simples y ten&iacute;an gorros en la cabeza. Las mir&eacute; y me miraron; me encontr&eacute; pidi&eacute;ndoles que oraran por mi hijo, que oraran por mi beb&eacute;, dici&eacute;ndoles que s&oacute;lo ten&iacute;a 7 meses de edad. O&iacute; cuando el helic&oacute;ptero aterriz&oacute; y corr&iacute; de nuevo a donde estaba Levi. &Eacute;l estaba en la camilla y estaban listos para irse. &laquo;Deje todo&raquo;, dijo una enfermera. &laquo;S&oacute;lo hay espacio para usted&raquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi madre y mi esposo se quedaron en la puerta del hospital. Con un rugido de motores y rotores, nos levantamos en el aire y nos fuimos. Por primera vez en dos semanas, empec&eacute; a relajarme, escuchando el repiqueteo del helic&oacute;ptero y las palabras apagados de las enfermeras que asist&iacute;an a Levi, porque por fin, gracias a Dios, nos est&aacute;bamos moviendo, est&aacute;bamos haciendo algo. Era un b&aacute;lsamo para mi esp&iacute;ritu. Incluso volamos sobre la granja de mis padres; pude ver las vacas y los caballos pastando en el campo y mi padre en el porche. Todo parec&iacute;a normal&hellip; y aunque se sent&iacute;a bien para m&iacute;, mi padre me dijo despu&eacute;s que al ver el helic&oacute;ptero y saber que Levi y yo &iacute;bamos en &eacute;l, lo hizo sentir como si alguien le hubiera dado un pu&ntilde;etazo en el est&oacute;mago.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu&eacute;s de una hora, las luces de Spokane se vieron alrededor de nosotros, y la pista de aterrizaje marcada con un &laquo;X&raquo; blanca y gigante apareci&oacute; a la vista. A Levi lo llevaron al hospital con una enfermera a cada lado, y yo iba justo detr&aacute;s; lo llevaron a la unidad pedi&aacute;trica de cuidados intensivos, el lugar al que llamar&iacute;amos hogar por los pr&oacute;ximos siete d&iacute;as. Recuerdo que llevaron a Levi a su habitaci&oacute;n y el m&eacute;dico de guardia habl&oacute; conmigo y me pregunt&oacute; sobre la historia de Levi, me pregunt&oacute; si alguien en nuestra familia ten&iacute;a diabetes Tipo 1, (nadie tiene) y me explic&oacute; sobre el VSR y c&oacute;mo a pesar de que lo m&aacute;s seguro era que mi hijo de 3 a&ntilde;os de edad la hab&iacute;a tenido, es probable que no le afectara de la misma manera que hab&iacute;a afectado a Levi. Muy claramente, recuerdo el carro de paro amarillo que llevaron por si acaso, con una tarjeta que indicaba que Levi ten&iacute;a una alta probabilidad de paro, (lo que significa que su coraz&oacute;n pod&iacute;a dejar de latir). No recuerdo la apariencia del m&eacute;dico, pero recuerdo el carro de paro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Finalmente, despu&eacute;s de hablar m&aacute;s, m&aacute;s enfermeras, m&aacute;s tubos y cables y m&aacute;s monitores, Levi fue estabilizado. Las luces se atenuaron y por primera vez en lo que parec&iacute;an siglos, Levi realmente estaba descansando; aunque su respiraci&oacute;n era poco profunda era estable, y ahora en vez de tener un color gris, su carita estaba blanca, con labios m&aacute;s llenos y no agrietados. Alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s, mi hermano que viv&iacute;a en Spokane en ese tiempo, lleg&oacute;. Al levantar la vista &eacute;l estaba parado en la puerta, su silueta esbozada por las brillantes luces exteriores. Parec&iacute;a tan fuerte y firme que pr&aacute;cticamente salt&eacute; a sus brazos y me derrumb&eacute; sobre &eacute;l. Su presencia, tan parecida a la de mi pap&aacute;, me hizo sentir que tal vez, s&oacute;lo tal vez, yo iba a estar bien. Nos sentamos uno al lado del otro por un rato hasta que una de las enfermeras vino a llamarme insistiendo en que duermiera, diciendo que ten&iacute;an una habitaci&oacute;n para m&iacute; y mi esposo, que ven&iacute;a en camino conduciendo. Mi hermano me asegur&oacute; que no iba a dejar el lado de Levi hasta que mi madre y Greg llegar&aacute;n, sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, la enfermera me llev&oacute; a nuestra habitaci&oacute;n. Me quit&eacute; los zapatos, dije una oraci&oacute;n, y dej&eacute; que las l&aacute;grimas y el olvido me llevaran. En la noche, sent&iacute; que mi marido lleg&oacute; y envolvi&oacute; sus brazos a mi alrededor; la calidez que sent&iacute;amos y el confort que ten&iacute;amos de estar juntos y el conocimiento de que nuestro precioso beb&eacute; estaba bajo el cuidado de las mejores personas en el estado nos dio fuerza. Esa fuerza creo que tambi&eacute;n lleg&oacute; hasta Levi.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En los siguientes d&iacute;as, Levi comenz&oacute; lentamente a entrar en s&iacute;. Para el lunes, su color estaba regresando; incluso nos sonri&oacute;. El martes, &eacute;l estaba sentado y las enfermeras tuvieron que mover los rieles de la cuna, lo que fue un triunfo. El mi&eacute;rcoles, el m&eacute;dico nos dijo que pod&iacute;amos empezar a pensar en volver a casa. Para el siguiente d&iacute;a y medio, se sent&iacute;a como si estuvi&eacute;ramos en la universidad de nuevo. Tuvimos que aprender mucho sobre el cuidado de Levi, c&oacute;mo mezclar su insulina, c&oacute;mo le afectar&iacute;an los diferentes alimentos, cu&aacute;les eran las se&ntilde;ales de advertencia de peligro, etc&hellip; Fue agotador. Por &uacute;ltimo, el viernes lleg&oacute; y equipados con nuestra mochila de la <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">JDRF (Fundaci&oacute;n para la Investigaci&oacute;n de la Diabetes Juvenil, por sus siglas en ingl&eacute;s)<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">, libros, medicinas y un peque&ntilde;o osito &ldquo;poke me here&rdquo;, pudimos llevar a nuestro &laquo;nuevo&raquo; beb&eacute; a casa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No s&eacute; qu&eacute; habr&iacute;amos hecho de no haber sido por nuestra maravillosa familia. Los padres de mi esposo y mi madre se turnaban para cuidar a nuestros hijos mayores mientras est&aacute;bamos en Spokane con Levi, para que fuera posible que Greg y yo estuvi&eacute;ramos all&aacute; juntos. Fueron una parte integral en las semanas posteriores al diagn&oacute;stico de Levi, que incluy&oacute; otra estancia en el hospital, esta vez con neumon&iacute;a. En el a&ntilde;o y medio desde el diagn&oacute;stico siempre han estado dispuestos al reto y a ayudar cuando sea necesario<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La diabetes ha cambiado nuestras vidas, pero mis hijos mayores y Levi nunca dejan de sorprenderme. Mi hijo de 10 a&ntilde;os de edad cuenta los carbohidratos, mi hija de 8 a&ntilde;os de edad sabe c&oacute;mo revisar el az&uacute;car en la sangre de Levi y lo hace por m&iacute; cuando mis manos est&aacute;n llenas. Mi hijo de 5 a&ntilde;os de edad es muy protector con su hermano peque&ntilde;o, y siempre est&aacute; dici&eacute;ndole a la gente lo que pueden y no pueden darle de comer a Levi, hasta pregunta si hay az&uacute;car en el jugo que mezclo. Levi lleva su bomba de insulina a todas partes, toma sus &laquo;pinchazos&raquo;, como &eacute;l los llama, como todo un campe&oacute;n, y es igual de travieso, divertido y juguet&oacute;n que cualquier otro ni&ntilde;o de 2 a&ntilde;os de edad. En cuanto a m&iacute;, tengo una familia que me apoya, unos ni&ntilde;os hermosos y un esposo incre&iacute;ble. En resumen, he sido bendecida.<\/span><\/p>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya es de noche y Levi y yo nos estamos meciendo junto al fuego despu&eacute;s de un ajetreado d&iacute;a de lucha libre con sus hermanos mayores, de vaciar alacenas, de colgarse de las barandas de las escalera y de perseguir a los perros. 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