{"id":21628,"date":"2018-01-04T22:48:45","date_gmt":"2018-01-04T22:48:45","guid":{"rendered":"https:\/\/beyondtype2.org\/resources\/infancia-interrumpida-conciliar-una-vida-despreocupada-con-una-enfermedad-exigente\/"},"modified":"2024-12-17T21:58:27","modified_gmt":"2024-12-17T21:58:27","slug":"infancia-interrumpida-conciliar-una-vida-despreocupada-con-una-enfermedad-exigente","status":"publish","type":"resources","link":"https:\/\/beyondtype1.org\/es\/infancia-interrumpida-conciliar-una-vida-despreocupada-con-una-enfermedad-exigente\/","title":{"rendered":"Infancia Interrumpida: Conciliar una Vida Despreocupada con una Enfermedad Exigente"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es un tarde lenta de viernes a mediados de octubre. Mi buena amiga se detiene en la entrada de la casa sin anunciarse, sus dos hijos colgando de las ventanas agitando espadas de pl&aacute;stico. &laquo;Vamos a ver qu&eacute; hacemos&raquo;, dice ella. Mi hija de 4 a&ntilde;os agarra un mono de peluche y una varita de hada de color rosa. Agarro a la beb&eacute;. Nos amontonamos en su camioneta; varitas y espadas toqueteandose, la radio sonando, ni&ntilde;os cantando, &laquo;qui&eacute;n sabe <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">por qu&eacute;<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el abejorro; yo no, yo no, &iexcl;yo no!&raquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En estos d&iacute;as tomamos el camino largo a donde quiera que vayamos. Con las ventanas abajo, polvo por todos lados. El tiempo no significa nada y las horas se miden con cajas de jugo. Lo hacemos as&iacute; todo el tiempo, deleit&aacute;ndonos en la posibilidad. Las semanas se convierten en meses. Los meses en a&ntilde;os. Hemos mapeado todo el estado memorizando sus carreteras rurales. Cambiar la estaci&oacute;n de radio cura a un ni&ntilde;o malhumorado y las curitas adhesivas resuelven todos nuestros problemas parcialmente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&hellip;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es un viernes por la tarde a mediados de febrero. Mi esposo y yo estamos sentados en una sala de examinaci&oacute;n fr&iacute;a en el Children&rsquo;s Hospital (hospital de ni&ntilde;os). Nuestra hija, ahora de 10 a&ntilde;os, camina nerviosamente por el per&iacute;metro de la peque&ntilde;a habitaci&oacute;n. Ella est&aacute; usando una bata de papel. Tiene la cabeza baja, los brazos cruzados de manera desafiante, &laquo;yo no, yo no, yo no&raquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nuestra hija acaba de ser diagnosticada con diabetes tipo 1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde el momento en que uno o alguien a quien uno ama recibe el diagn&oacute;stico de una enfermedad cr&oacute;nica, tu visi&oacute;n del mundo cambia. No hay tiempo para comprenderlo. Comienza ahora. El reloj se reinicia. Tu vida es redefinida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Imagina saltar a la parte profunda de una piscina. Sales corriendo, te tapas la nariz, haces una bala de ca&ntilde;&oacute;n. Emerges en segundos, pero nada se ve como lo dejaste. Toda la escena ha cambiado. &iquest;Ser&aacute; el cloro? &iquest;Ser&aacute; el sol caliente? La saturaci&oacute;n se ha incrementado. Todo es levemente filudo y peligroso. Te envuelves en una toalla. Toma asiento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando mis hijas eran muy j&oacute;venes, voluntariamente cambi&eacute; el tiempo de dormir por un curso intensivo de sacrificio. La lactancia materna convierte a las madres en vigilantes nocturnas. Est&aacute;s despierta cuando los dem&aacute;s est&aacute;n dormidos y perpleja ante lo que el cuerpo puede proporcionar: comodidad, nutrici&oacute;n, sensaci&oacute;n de saciedad y seguridad. Mi esposo y yo est&aacute;bamos compartiendo la cama con las ni&ntilde;as antes de que fuera moda y, a pesar de haber sido v&iacute;ctimas de muchas cr&iacute;ticas de la familia, no estaba dispuesta a dejar de hacerlo. La cama familiar siempre ser&aacute; uno de mis recuerdos m&aacute;s agradables. Cada noche, alrededor de las 3 de la ma&ntilde;ana, al menos una de nuestras peque&ntilde;as aparec&iacute;a junto a la cama. Una carita aparecer&iacute;a a unos cent&iacute;metros de la m&iacute;a, &laquo;Soy yo, mam&aacute;&raquo;. &iquest;Podemos acurrucarnos? Y se sub&iacute;a. Incluso en mi sue&ntilde;o m&aacute;s profundo me despertaba lo suficiente como para levantar las s&aacute;banas y arrojar a la ni&ntilde;a al medio de la cama. Las ma&ntilde;anas llegaban demasiado pronto y despu&eacute;s de unas escasas 4 horas de sue&ntilde;o, nos despert&aacute;bamos para darnos cuenta que ella se hab&iacute;a movido a la posici&oacute;n horizontal. La cabeza rizada en mi vientre, los piecitos pateando a mi esposo en el est&oacute;mago. Un movimiento acrob&aacute;tico que nos llevar&iacute;a a los tres a formar una H may&uacute;scula.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero despu&eacute;s de la bala de ca&ntilde;&oacute;n, la noche perdi&oacute; su magia. Me despierto sudando y miro el reloj; son las 3 a. m. Ahora es mi turno de buscar consuelo y claridad a media noche. Por el pasillo oscuro, abro la puerta de la habitaci&oacute;n de mi hija adolescente. Verifico para asegurarme de que est&eacute; respirando. Me siento en el piso al lado de su cama y me preocupo. Me preparo para pinchar su dedo suave y fino con una aguja, para sacar una gota de sangre y medir el az&uacute;car. La mayor&iacute;a de las noches el miedo se apodera de m&iacute; y saco su botiqu&iacute;n. Le pincho el dedo. Espero que aparezca un n&uacute;mero en la pantalla digital con su alarmante &laquo;BIIIIIP&raquo;. El n&uacute;mero estar&aacute; entre 35 y 435. El n&uacute;mero dicta el resto de nuestra noche. Por encima de 200 mg\/dL y saco las agujas para inyectar insulina en su vientre blando y so&ntilde;oliento. Por debajo de 70 y corro hacia la cocina por az&uacute;car. Las cajas de jugo que una vez marcaron el tiempo ahora impiden que mi hija pierda la consciencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas noches espero antes de hacer la medici&oacute;n y en su lugar me subo a la cama junto a ella. Permanezco despierta toda la noche, eligiendo la intuici&oacute;n sobre la intrusi&oacute;n. Siento la respiraci&oacute;n. Espero las sacudidas. Escucho para ver si hay gemidos; signos que he llegado a reconocer cuando su cuerpo est&aacute; luchando con un episodio de hipoglucemia o hiperglucemia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-3833\" src=\"https:\/\/beyondtype1.org\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Ruby_mama.jpeg\" alt=\"\" width=\"504\" height=\"504\">No hay un plan a seguir para vivir con una enfermedad como la de mi hija. Hay medicamentos y dispositivos m&eacute;dicos, especialistas y guiones, pero el origen de esta enfermedad autoinmune es impreciso y tambi&eacute;n lo son sus tratamientos. Uno memoriza las proporciones de insulina contra carbohidratos y calcula la energ&iacute;a gastada para que tu hija pueda participar en un juego de softball sin desmayarse. Pero lo m&aacute;s probable es que esas proporciones cambien la pr&oacute;xima semana debido a una fluctuaci&oacute;n hormonal sutil y los c&aacute;lculos estar&aacute;n muy mal. Tu hija se sentar&aacute; en la banca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La primera vez que prepar&eacute; una inyecci&oacute;n para mi hija, me sorprendi&oacute; ver que despu&eacute;s de seguir las largas instrucciones y c&aacute;lculos, una dosis de insulina del tama&ntilde;o de una gota de roc&iacute;o apareci&oacute; en la punta de la aguja. Parec&iacute;a una cantidad milagrosa y peque&ntilde;a de la hormona requerida para cambiar la fisiolog&iacute;a entera de mi hija. Pero r&aacute;pidamente te das cuenta de que la cantidad de gotas de roc&iacute;o necesarias para metabolizar un plato de pasta es la misma cantidad que puede matarte si se inyecta con el est&oacute;mago vac&iacute;o. Tu familia vive al filo del peligro. Comer se vuelve estresante. Hacer ejercicio te crispa los nervios. La mejor de las suertes para evitar un trastorno alimentario.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi buena amiga me llama. &laquo;Vamos a ver qu&eacute; hacemos&raquo;, dice ella. Su llamada es un chaleco salvavidas. Ella me mantiene a flote. Conducimos por la ciudad por la noche, solo nosotras dos, ya que nuestros hijos ya son lo suficientemente mayores como para divertirse por su cuenta. Con la radio a todo volumen, nos maravillamos por la belleza de nuestra ciudad. Hablamos r&aacute;pidamente y escuchamos con entusiasmo, ansiosas por ponernos al d&iacute;a. Durante m&aacute;s de una d&eacute;cada, hemos estado criando a nuestros hijos juntas. Nuestra peque&ntilde;a tribu todav&iacute;a es como u&ntilde;a y mugre. Pero lo que siempre es muy obvio es que nuestros deberes como padres han tomado otro rumbo. Los hijos de mi amiga est&aacute;n experimentando libertades salvajes que mi hija todav&iacute;a no ha visto. Abordan aviones y vuelan por todo el pa&iacute;s sin supervisi&oacute;n. Van a citas y bailes escolares sin llevar suministros m&eacute;dicos. Asisten a fiestas de pijamas sin explicarles a sus amigos c&oacute;mo inyectarle glucag&oacute;n de emergencia si no se despierta con los dem&aacute;s por la ma&ntilde;ana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la diabetes tipo 1, la calibraci&oacute;n es el proceso de reajustar el dispositivo utilizado para medir el az&uacute;car en la sangre. Este es un paso crucial en el manejo de una enfermedad delicada y sin calibraci&oacute;n estar&iacute;as en desventaja. No hay cura y el tratamiento depende de la precisi&oacute;n de las f&oacute;rmulas y de que los dispositivos est&eacute;n finamente ajustados. La calibraci&oacute;n ofrece un punto de referencia. Si el tren comienza a desviarse, generalmente puedes rectificar la situaci&oacute;n evaluando d&oacute;nde te encuentras, ajustando y comenzando de nuevo. Es una oportunidad de reevaluaci&oacute;n y una indicaci&oacute;n de que tenemos que empezar de nuevo en todos los niveles. Este amable recordatorio es un regalo que nos impulsa a avanzar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Imag&iacute;nate entrando en el lado poco profundo de la piscina. El sol est&aacute; tibio y el agua acogedora. Tus amigos est&aacute;n all&iacute; y con gestos de bienvenida te est&aacute;n indicando que te unas a ellos. Entras un poco m&aacute;s hasta que el agua te llega a la cintura. Haces una pausa. Lenta y deliberadamente, te pones las gafas en los ojos y respiras profundamente.<\/span><\/p>\n<p>_______________________________________________________________________________________________________________<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iquest;Reci&eacute;n diagnosticado? Consulta <\/span><a href=\"https:\/\/beyondtype1.org\/new-type-1-diabetes-diagnosis\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><b>Los recursos de los primeros 30 d&iacute;as de Beyond Type 1.<\/b><\/a><\/p>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Es un tarde lenta de viernes a mediados de octubre. Mi buena amiga se detiene en la entrada de la casa sin anunciarse, sus dos hijos colgando de las ventanas agitando espadas de pl&aacute;stico. &laquo;Vamos a ver qu&eacute; hacemos&raquo;, dice ella. 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