MÁS QUE GLAMOROSA CON DIABETES TIPO 1
Escrito por: DORIS HOBBS
3 minutos de lectura
agosto 3, 2016
Durante décadas supe que el glamour era a lo que me quería dedicar, desde rizos cortos y labios de color rubí hasta la eterna gracia y clase.
Puedes decir que se trata del destino, varias décadas después. A menudo he sentido que crecí en una era que carecía del glamour y la ostentación que solo puede encontrarse en 1947 con el “New Look” de Christian Dior. Al dedicar muchas tardes a hurgar las profundidades de un joyero que le pertenecía a mi abuela, quien también lleva mi nombre, llegué a atesorar esos momentos relajados en los que jugaba a vestirme elegante y manifestaba mi realidad actual.
Durante de mi juventud y hasta llegar a la edad adulta, parecía extraño, casi ridículo, apartar mi atención de una vida llena de autenticidad. Durante décadas supe que el glamour era a lo que me quería dedicar, desde rizos cortos y labios de color rubí hasta la eterna gracia y clase. Desde que era joven aprendí algunos principios fundamentales que consistían en tener determinación, entender el valor y soñar en grande. Podría decirse que yo era una niña decidida a resaltar en medio de la multitud.
Personalmente creo que solo tienes que rodearte de historias. Así es como me siento cuando me visto a la antigua. Me siento como si estuviera rindiendo un poético homenaje a las mujeres influyentes de antaño, dándole vida a un elegante broche de imitación de diamante, a un vestido pretencioso pero práctico, o a un diseño de sombrerería que una vez fue usado en las calles de San Francisco en los años cincuenta. Sin embargo, he trasladado un guardarropa que muestra una infinita cantidad de historia a lo inalienable del estilo moderno con cada pieza que llevo puesta, que al mismo tiempo cuenta una historia.
La historia de mi estilo empezó a los 8 años con la irregular aplicación del pintalabios rojo marca Revlon de mi abuela. Recuerdo estar sentada frente a su espejo de vanidad, colocándome los rizos dorados sobre el hombro como si estuviera imitando una escena de Sunset Boulevard. En ese mismo momento, experimenté una sensación de glamour cuando brillaba frente a mí el reflejo de la mujer en la que estaba destinada a convertirme. Encontré a mis veintitantos años que la única ropa con la que me sentía bastante cómoda provenía de varias prendas antiguas en tiendas locales de segunda mano. En muchos casos, siempre he sido vista como una glamorosa estrella de Hollywood que poseía muchos atributos europeos; a menudo me hacían referencia a la actriz australiana, Cate Blanchett. Eso no quiere decir que siempre sea glamorosa; pocas pueden serlo, y sin duda constantemente trato de mantener una apariencia de ese tipo, pero no puedo decir que me despierto de esa forma. Todos somos humanos con defectos que navegan por nuestras vidas sin una intuición consciente. A veces, nos pueden llevar por direcciones nunca antes vistas y a situaciones incómodas.
Para mí, ese momento ocurrió el 22 de octubre de 2014, semanas antes de cumplir 33 años, cuando fui diagnosticada con diabetes Tipo 1. En este momento impredecible de mi vida, yo, por supuesto, quise hacer lo que muchos habrían considerado terapéutico; es decir, vivir con compasión, lástima por mí misma e incluso duda. Pero en cambio, decidí ir más allá de la enfermedad autoinmune; no la iba a llevar como un accesorio de compasión, sino iba a buscar una forma de cambiar la manera en la que otros perciben este trastorno que te cambia la vida.
Tan solo dos días después de haber recibido la noticia, elegí llevar a cabo una sesión fotográfica en escenario real para un cliente contratado anteriormente. Esa decisión fue la primera de muchas decisiones en pos de nunca etiquetar un obstáculo como “fracaso”; en cambio, recibo cada tragedia como un escenario para promover mi crecimiento personal y demostrar que mis capacidades no pueden medirse.
A través del empoderamiento que recibo al vestirme con prendas antiguas, junto con la ilimitada fuerza que cada una tiene para mí, he encontrado que ellas representan metafóricamente un escudo protector que me da valentía y confianza. Mi recorrido de estilo ha estado conformado por muchos momentos: fracaso y belleza, a medida que he avanzado hacia alcanzar una vida de lingüista, aunque glamorosa, como aspirante a escritora. Tal como un niño se aferra a una frazada de seguridad hasta entrada su juventud, yo me he aferrado a lo antiguo como mi santuario, sabiendo que soy genuina, valiente, y que puedo demostrar que la vida va más allá de la diabetes.
UNA HISTORIA DE CENICIENTA — UNA CHICA CON DM1 DISEÑA ZAPATOS CON MENTORES DE VOGUE, por Shelene Knisley.
Autor
DORIS HOBBS
El 22 de octubre de 2014, esta belleza a la antigua dice que su vida adquirió un nuevo significado y propósito, cuando fue diagnosticada con diabetes Tipo 1. Doris se ha asociado con varios diseñadores internacionales, minoristas de lujo y fundadores de primera para producir editoriales profesionales sobre el glamour, mientras aumenta la presencia social a través de la exposición en los medios. También escribió un libro titulado Confessions of a Job Whore. Visita su blog richinlovefashion.com para obtener más información.
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