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De la mesa a la silla

Escrito por: Emily Davis

2 minutos de lectura

marzo 8, 2017

Cada persona con diabetes Tipo 1 con la que he trabajado a lo largo de los años, en un momento u otro ha pasado por ese período de "No voy a lidiar más con esto".

Cada persona con diabetes Tipo 1 con la que he trabajado a lo largo de los años, en un momento u otro ha pasado por ese período de «No voy a lidiar más con esto». Da miedo, les da a nuestros cuidadores cantidades increíbles de ansiedad, causa daño permanente… pero es algo que todos hacemos. Caí en esta trampa durante unos años cuando estaba en el bachillerato. Con el tiempo, simplemente me hizo clic. Este es mi cuerpo. Esta es mi vida. No estaba feliz y realmente no estaba viviendo. Un día me desperté y decidí recuperar el control de mi enfermedad. He superado la enfermedad aprendiendo a amarme y a respetarme lo suficiente como para encarar la diabetes de frente. Ahora soy una Entrenadora de salud certificada y Nutricionista holística que se enfoca en enfermedades invisibles en niños y adolescentes. El mes pasado, a mi padre le diagnosticaron diabetes Tipo 1. No solo fue un gran shock, sino que ha provocado una reflexión muy profunda sobre mi propia experiencia.

Todos nos hemos sentado en la mesa acolchonada y cubierta de papel en el consultorio del médico. Estás más arriba que los demás, en el nivel en que puedes ser fácilmente hurgado, pinchado, examinado y analizado. La mayoría de nosotros usualmente tenemos a alguien en la otra silla en la habitación. Para mí, ha sido mi madre. En los últimos años mi novio ha tomado el lugar de mi madre, y de vez en cuando incluso tenemos que agregar una silla extra. (Me siento tan increíblemente afortunada de que a veces no haya espacio suficiente para mis defensores y cuidadores en esa pequeña habitación).

Es realmente difícil ser quien está sobre la mesa. Tú eres el que siente el dolor físico y el miedo. Lo que muchos de nosotros en esa mesa nunca nos damos cuenta, es que la persona en la silla también está sintiendo un dolor bastante intenso. Nuestros cuidadores tal vez no sientan nuestro dolor físico, pero puedes apostar que lo sienten de una manera que es igual de poderosa, si no más.

Cuando era niña e incluso adolescente, nunca entendí por completo cómo se sentía estar en esa silla. Recientemente, cambié de lugar con alguien que me importa. Ahora soy yo quien está en la silla. Soy la que está preocupada, viendo a alguien sentarse en la mesa mientras le dicen que su vida va a cambiar drásticamente.

Si tienes una enfermedad crónica, has estado en una situación en la que alguien te dice cómo manejar algo, recordándote un medicamento, diciéndote que no comas algo, etc. Si eres padre de alguien con enfermedad crónica, entonces has estado del otro lado de esto.

«Mide tu nivel de azúcar en la sangre».

«No olvides tu medicamento».

Estas preguntas a veces siguen a una batalla molesta y desagradable.

Recuerda esto: una enfermedad crónica es un asunto familiar. No seas lo tan egoísta como para pensar que tu enfermedad crónica solo te está afectando a ti, como yo lo fui durante años. Herí a mi gente Cuando las personas te recuerdan o te preguntan sobre cosas relacionadas con tu enfermedad, lo hacen por temor, porque les importa y desde un lugar de amor. Nada más y nada menos. Por otro lado, si eres cuidador, ten en cuenta que, a veces, cuando nos saltamos medicamentos o comemos algo que sabemos que nos hará sentir mal, estamos intentando, por un momento, sentir que no estamos «enfermos». A veces necesitamos ese momento de descuido.

En pocas palabras, esto nos afecta a todos. La próxima vez que comience una pelea, retrocede un paso e intenta verla a través de los ojos de la otra persona.


Infórmate más sobre el trabajo de Emily en su sitio web: The Chronically Healthy, donde se publicó originalmente.

Lee: El agotamiento del cuidador por Mark Heyman, PhD, CDE

Beyond Diabetes author

Autor

Emily Davis

Emily es una entrenadora de salud certificada y nutricionista holística para personas con enfermedades crónicas. La diabetes Tipo 1 la ha hecho responsable, le ha dado un gran corazón y la ha retado a que se vuelva lo más saludable posible. Pasó tantos años en un estado enfadado y lamentable, pero ahora aborda la vida con amor, paciencia y fuerza. Ella le agradece a la diabetes Tipo 1 por hacerla quien es, pero también está creando conciencia para encontrar una cura.